lunes, 16 de mayo de 2011

"Bruselas pide políticas nacionales específicas contra el estrés laboral"

Escrito por FSP-UGT Estatal Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente   
Martes, 08 de Marzo de 2011 12:17

La Comisión Europea ha insistido en la necesidad de que los Estados miembros desarrollen políticas específicas para combatir el estrés laboral, considerado como la causa de entre el 50% y el 60% de los días de trabajo perdidos cada año y con un coste equivalente al 4% del PIB europeo.

"Sabemos que el estrés laboral puede constituir un problema estructural debido a la organización del trabajo más que al propio individuo, por eso los actores sociales son a menudo los mejor colocados para tomar medidas en esta área", ha declarado el comisario de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión, László Andor, quien ha instado a "empleadores y trabajadores" a avanzar en este objetivo y "resolver las lagunas" que pueda haber.

Sindicatos y patronales europeas cerraron en 2004 un acuerdo para impulsar la lucha contra este problema y garantizar una "protección mínima" del trabajador, pero los resultados han sido muy desiguales en los Estados miembros y sólo Suecia ha registrado un descenso de casos de estrés laboral, mientras que en nueve países han aumentado.

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-Osha) publicó en enero que sólo el 26 por ciento de las empresas europeas han adoptado medidas para reducir el estrés laboral.
 
Mientras, este síntoma afecta en España a más del 40% de las personas asalariadas y en torno al 50% de los empresarios y genera la pérdida de más del 10% del PIB, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Bruselas celebra que el acuerdo de 2004 haya "abierto la puerta" al diálogo y la elaboración de políticas contra el estrés laboral en la mayoría de Estados miembros, incluido España, que cuentan con normas específicas introducidas en los convenios colectivos, acuerdos generales o líneas directrices.

Sin embargo, critica que los actores sociales de Malta, Chipre, Polonia y Eslovenia no hayan informado del modo en que se ha aplicado el acuerdo en su territorio y lamenta que los resultados de Alemania, Estonia, Bulgaria y República Checa "no han cumplido las expectativas". El Ejecutivo comunitario considera que deben producirse mejoras "en todos".

Según la Comisión Europea, el estrés laboral es la causa de entre el 50% y el 60% de los días de trabajo perdidos cada año y con un coste equivalente al 4% del PIB europeo.

Desde la Federación de Servicios Públicos de UGT pensamos que las políticas de conciliación son una muy buena herramienta para combatir los estragos del estrés laboral y que estas han de ser consideradas como medidas que aumentan la productividad y la competitividad de las empresas y entes públicos.

Última actualización el Martes, 08 de Marzo de 2011 12:21

"Cuarenta de cada cien empleados padecen estrés laboral"

Escrito por FSP-UGT Estatal Secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente   
Jueves, 03 de Febrero de 2011 16:59

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el cuarenta por ciento de los asalariados españoles y el cincuenta por ciento de los empresarios, está afectado de estrés laboral. Según la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo, esto ocasiona unas pérdidas al año de dos mil millones de euros.

La encuesta Esener, la última encuesta europea sobre riesgos nuevos y emergentes en las empresas, elaborada por la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el trabajo (EU-Osha) desvela que existen herramientas y prácticas que las compañías pueden aplicar a sus procedimientos productivos para evitar  que el estrés se cebe con la productividad de sus empleados. Sin embargo, según se desprende de los datos de la encuesta, solo el veintiséis por ciento de las compañías adopta alguna medida encaminada a ello, fundamentalmente centrada en políticas de concicliación. En el siguiente link podéis encontrar un resumen de la encuesta Esener:


Desde la Federación de Serviciós Públicos pensamos que las pólíticas de conciliación son una muy buena herramienta para combatir los estragos del estrés laboral y que éstas han de ser consideradas como medidas que aumentan la productividad y la competitividad de las empresas y los entes públicos.

Última actualización el Miércoles, 09 de Febrero de 2011 16:18

domingo, 8 de mayo de 2011

"El Estrés Laboral una de las principales causas de baja"

Estrés. Esta enfermedad es una de las más comunes entre los trabajadores, de hecho, el diario El Mundo publicaba esta semana la noticia de que un 30% de trabajadores está afectado por ella.
Los cuerpos de seguridad del Estado, los antiterroristas y las profesiones de riesgo son los que cuentan con un mayor índice de estrés en sus filas de profesionales. Tal situación es tan alarmante que se cree que en 2020 esta enfermedad será el principal motivo de baja laboral.


Estos datos, que pertenecen a un estudio realizado por el Gobierno, se refieren a la situación de España. Sin embargo, según la Organización Mundial del Trabajo, esta realidad también afecta al resto de Europa, dónde el 75% de los ciudadanos sufre estrés.
El estudio destaca el gran absentismo laboral que poseen algunas profesiones como las relacionadas con la sanidad y la enseñanza.
En cuanto a las empresas y sus dirigentes hay que subrayar que la enfermedad de sus trabajadores les supone un coste personal muy importante porque conlleva más efectos secundarios de los que parece. Además de las bajas que ocasiona, la poca motivación de los profesionales afecta a su nivel de productividad y al aumento de accidentes de trabajo.
Para ayudar a combatir el estrés un estudio del Departamento de Psicología Clínica del Instituto de Psicoterapia e Investigación Psicosomática de Madrid recomienda tomar caramelos. Sin embargo, también hay otros métodos como las reuniones antes y después del trabajo, la rotación de puestos o la atención psicológica gratuita.

martes, 3 de mayo de 2011

"Tres millones de drogadictos van a la oficina"


Al menos el 15% de los trabajadores españoles consume alcohol, hachís y/o cocaína para ‘sobrevivir’ a su jornada laboral.

Escapar de la realidad es el problema no la solución. Por muy estresante
que sea la vida laboral, los psicólogos advierten de que “el
consumo de drogas y de alcohol no contribuye a resolver el malestar,
más bien lo agrava”. Sin embargo, el 15% de los trabajadores
(unos tres millones) son adictos, según la Organización Internacional
del Trabajo (OIT). Los planes de prevención están entrando en
las empresas, que pierden unos 4.000 millones de euros al año como
consecuencia de accidentes y bajas derivados de este consumo.

“La huida no ha llevado a nadie a
ningún sitio”. Esta afirmación del
escritor y aviador francés Antoine
de Saint-Exupéry, autor de El
Principito (Alianza), sintetiza el
problema de fondo relacionado
con el consumo de alcohol y de
drogas en la empresa: “El malestar
del ser humano contemporáneo,
que le lleva a tratar de escapar
constantemente de sí mismo”,
según detallan los expertos en psicología
laboral, que están entrando
en el ámbito empresarial a través
de la figura del coach.
No en vano, estos especialistas
apuntan que “los adictos intentan
llenar su vacío existencial, percibido
en el estómago en épocas de
mucha tensión y estrés, con alcohol,
hachís y/o cocaína, pero la verdad
es que no se llena con nada.
Es algo más profundo y hay que
aprender a aceptarlo”. Y concluyen:
“A través del trabajo con la
mente y el pensamiento este vacío
deja de ser percibido como una
molestia, dando paso al equilibrio
y bienestar interiores”.
En opinión de Empar Pérez,
psicóloga clínica del centro médico
Teknon, en Barcelona, “la falta
de inteligencia emocional, es decir,
de recursos interiores para
afrontar las adversidades personales
y profesionales del día a día,
suele llevar a los trabajadores a
caer en la drogadicción”.Yesta caída
les introduce en un “peligroso
círculo vicioso”, que encuentra cada
vez más facilidades para manifestarse
debido, sobre todo, a que
“el consumo de alcohol está bien
visto socialmente y a la disminución
del precio de la cocaína, que
está fomentando su democratización”,
comenta Pérez.
Así, “cuanto más estrés, ansiedad
y angustia se experimenta en
el trabajo, más elevadas son las
probabilidades de recurrir a diferentes
tipos de ansiolíticos y narcóticos,
y cuanto mayor sea este consumo,
mayor será el estrés, la ansiedad
y la angustia experimentadas
por el adicto”, sostiene. La paradoja
radica en que “la evasión
del problema tan sólo sirve para
alejarse de la solución”, lamenta
Pérez, que trata a profesionales
con problemas de adicción.
Insatisfacción personal
Aunque es cierto que la precariedad
laboral y el liderazgo nocivo
ejercido por muchos jefes puede
generar entre los trabajadores frustración,
rabia, tristeza y demás
emociones negativas asociadas a
la insatisfacción, “la responsabilidad
última de este malestar recae
en la actitud interna que toma la
persona frente a sus circunstancias
externas”, afirma Pérez. En su
opinión, “la drogadicción suele
compensar ciertas carencias internas,
muchas de las cuales también
proceden de la insatisfacción cosechada
en la vida personal”.
A pesar de ser un enemigo poco
visible, la drogadicción merma
lenta pero paulatinamente la competitividad
de las empresas. Se estima
que los trabajadores que beben
alcohol, fuman hachís o esnifan
cocaína habitualmente son
hasta un 70% menos productivos,
sobre todo, “por el desgaste y el daño
físico y emocional que supone
alterar la mente continuamente”,
según se desprende de un informe
de la OIT. Paralelamente, “este tipo
de adicciones contribuye a incrementar
los accidentes laborales
y, por ende, el absentismo, que
a su vez generan importantes pérdidas
económicas entre las empresas”,
señala el informe de la OIT.
Lo cierto es que, con el tiempo,
“la droga deja de ser el remedio
temporal que alivia los nervios y la
desazón interior para convertirse
en una necesidad psicológica y química,
que crea una dependencia
que esclaviza a los trabajadores”,
afirma Pérez. Y no sólo eso: cada
vez es más frecuente el policonsumo.
“Mientras el alcohol les ayuda
a calmar la ansiedad y dormir mejor,
la cocaína les activa, de manera
que puedan sobrellevar su frenética
actividad laboral, magnificando
la imagen que tienen de sí
mismos”, explica.
“Una de las señales inequívocas
del adicto es su necesidad de
incrementar la dosis para conseguir
el mismo efecto sobre su organismo”,
advierte Pérez. Así, “muchos
profesionales creen que su
consumo de alcohol es normal”.
Sin embargo, Pérez asegura que
se trata de un eufemismo que pretende
enmascarar la adicción: “El
adicto al alcohol medio suele tomarse
una cervecita por la mañana,
media botella de vino en la comida
más un chupito de postre,
así como una copa al salir de la oficina,
sin contar el vino y las copas
que se toma entre la cena y el momento
antes de dormir”.
Frente a este “conflicto silencioso”,
lo mejor que pueden hacer
las empresas es “instaurar
programas de prevención, vinculados
a servicios externos especializados”,
apunta Pere Plana,
presidente de la Sociedad Catalana
de Seguridad y Medicina en
el Trabajo. Estos programas suelen
contemplar información detallada
acerca de la enfermedad,
espacios para la comunicación,
asistencia psicológica y médica
para ayudar a quienes lo necesiten,
análisis de riesgo de consumo
dentro de la empresa y, por
consiguiente, la redacción de políticas
y estrategias que posibiliten
su prevención, explica Plana.
Y parece que funcionan: el
53% de los trabajadores adictos
al alcohol y otras drogas que asistieron
a algún programa de prevención
entre 2005 y 2006 ya están
rehabilitados, según un estudio
elaborado por el Instituto
Sindical de Trabajo, Ambiente y
Salud (ISTAS) de CC OO.

BORJA VILASECA

El País, Domingo 16 de septiembre de 2007.

"Trabajos que deprimen, deprimidos que trabajan"


Hay trabajos que no son demasiado agradecidos. Hay otros que roban
demasiado tiempo vital. E incluso hay empleos que permiten
la realización personal, pero que están empañados por la actitud
tiránica de jefes con los que es difícil tratar. Sin embargo, el hecho
de que entre el 15% y el 30% de los empleados españoles se sienta
deprimido no se puede achacar solamente a estos motivos externos,
que están en permanente cambio. Los expertos en psicología
laboral señalan que este “profundo sentimiento de tristeza y de
que la vida no tiene sentido” aparece cuando la persona se “encierra
en sí misma” y “no es capaz de aceptar la realidad tal como es”.

A finales del siglo XIX, el escritor
ruso Máximo Gorki afirmó
que “cuando el trabajo es un placer
la vida es bella, pero cuando
nos es impuesto, la existencia se
convierte en una esclavitud”. A
pesar de su radicalidad, este aforismo
sigue siendo válido para
muchos trabajadores españoles,
que no encuentran satisfacción
en lo que hacen, pero que no les
queda más remedio que hacerlo
para poder sobrevivir.
Sin embargo, dado que el trabajo
forma parte de la experiencia
humana, los expertos en psicología
laboral sostienen que “lo
inteligente es aceptar con una
sonrisa lo que acontezca, al menos
como remedio para no sentirse
eternamente frustrado”. Y no
sólo eso. Estos especialistas añaden
que “quien se queja constantemente
de una situación difícil
de cambiar, termina inevitablemente
padeciendo las consecuencias
de la depresión”.
Además del alto coste personal,
este síndrome —caracterizado
por una profunda tristeza,
apatía y ansiedad crónica— supone
un desembolso anual de 750
millones de euros en bajas laborales,
sin contar el impacto que
tiene sobre la productividad de
las empresas españolas, según
un informe de la Organización
Mundial de la Salud (OMS).
Según varias descripciones
médicas, hay dos tipos de depresión:
“la endógena, que encuentra
sus causas en la genética y
que provoca cansancio y decaimiento
crónico; y la exógena, derivada
de la forma negativa en la
que una persona percibe subjetivamente
la realidad, por muy horrible
que ésta sea”. Los trabajadores
aquejados por ésta última
suelen creerse víctimas de sus
condiciones laborales, pero esto
sólo es cierto en algunos casos.
Sentimiento de inutilidad
“La forma en la que están organizadas
algunas empresas, en la
que destaca la rigidez laboral y la
jerarquía vertical, contribuyen a
agravar la desidia y el sentimiento
de inutilidad de los empleados
susceptibles de caer en depresión”,
afirma el psicólogo clínico
Alejandro Busto, formador y director
de I+D del Instituto de Formación
Avanzada (INFOVA).
“Está más que comprobado
que el estilo de liderazgo cohercitivo,
basado en un autoritarismo
que no tolera el error, que no fomenta
el desarrollo personal y
profesional y que ejerce mucha
presión, sin respetar ni escuchar
a los colaboradores, es en parte
responsable de este síndrome psicológico”,
sostiene Busto, que dirige
cursos para prevenirlo.
“La pérdida del control del
tiempo de trabajo”, por otra parte,
“hace sentir impotentes a muchas
personas, que además se
sienten aisladas en ambientes laborales
extremadamente competitivos,
en los que apenas se relacionan
y acaban por sufrir en silencio
este síndrome”, sostiene
Ángel Cárcoba, del departamento
de Salud Laboral de CC OO.
Pero más allá de las precarias
condiciones laborales de muchos
trabajadores no cualificados
y de otros cuyas empresas
les motivan a dedicar gran parte
de sus días a sus ocupaciones
profesionales, “la depresión aparece
como consecuencia de la no
aceptación continuada de la realidad
laboral que cada persona
ha escogido o que le ha tocado vivir”,
afirma el doctor Enrique
González, psiquiatra consultor
del hospital Gregorio Marañón,
en Madrid, con más de 30 años
de experiencia en este campo.
Este tipo de personas no suelen
ser víctimas de las condiciones
externas de su trabajo, sino
de sí mismas, apunta González.
“En vez de centrar sus esfuerzos
en querer cambiar lo que no depende
de ellos, tienen que comprender
que lo único que pueden
modificar es su actitud interna”,
añade. A su juicio, la salud mental
es un “triunfo” que se consigue
cuando se comienza a ver lo
“bueno y positivo” que ofrece cada
puesto de trabajo, por muy difícil
que esto parezca.
“Quienes lo tienen más complicado
son las personas en paro,
cuya incertidumbre les introduce
en un círculo vicioso muy negativo”,
concluye González, “en
el que la culpa y la sensación de
fracaso alimentan su tristeza, de
la que a veces no logran escapar”.

BORJA VILASECA

El País, Domingo 15 de abril de 2007.


"Mata el trabajo o la mente"


La ola de los suicidios en France Télécom es la respuesta extrema a la presión
laboral P El entorno influye, pero siempre hay una base de trastorno psíquico

Abochornado por la ola de suicidios
en France Télécom, empresa
que cuenta con una participación
estatal del 26,5% en el capital,
el Gobierno de Nicolas Narkozy
acaba de dar un paso al frente
para visualizar que se ha tomado
en serio el nivel de estrés que reina
en las empresas. Ayer mismo,
el ministro francés de Trabajo,
Xavier Darcos, reclamó a las compañías
de más de mil empleados
que negocien con los sindicatos
medidas de prevención del estrés.
Deberán tener un plan listo
antes del 1 de febrero. No habrá
sanciones económicas para las
que no cumplan, pero sí serán denunciadas
en una lista de buenos
y malos. Darcos admitió haber
“subestimado” el alcance del malestar
social en las empresas.
El caso del gigante de las telecomunicaciones
francés está conmocionando
al país vecino. ¿Hasta
qué punto las disfunciones y el
ambiente de presión en una empresa
pueden llevar a 24 personas
de una misma firma a quitarse
la vida en un mismo país en el
plazo de año y medio? A la espera
de la auditoría sobre la inquietante
ola de suicidios en France Télécom
(FT), en manos de la firma
Technologia, que estará lista a
mediados del próximo noviembre,
las historias de trabajadores
que se han arrojado al vacío o
que se han acuchillado el vientre
en plena reunión —algunos tras
denunciar “la gestión por el terror”
de su empresa o tras confesar
su incapacidad para “afrontar
otra reorganización”— han destapado
la existencia de un clima social
pésimo, de un malestar mareante
y de una gestión organizativa
dudosa en el gigante de las
telecos.
¿Acaso es France Télécom
una empresa letal? “No existen,
para entendernos, empresas suicidógenas”,
subraya el psiquiatra
experto en suicidiología Julio Bobes.
“Pero sí existen entornos que
favorecen el estrés y la conflictividad
psicosocial. Y las personas
con una vulnerabilidad previa los
sufren más que el resto, y algunas
hasta intentan resolverlas por
una vía torpe, por una vía patológica”,
añade.
Este profesor de la Universidad
de Oviedo hace hincapié,
más que en las 24 muertes, en los
intentos fallidos. Ha habido, que
se sepa, 14. “Es llamativo el comportamiento
parasuicida. France
Télécom puede no ser responsable
de las muertes, sobre todo
cuando había psicopatologías previas,
pero sí tiene una responsabilidad
parcial. Es responsable de
la salud laboral de sus empleados.
No sabemos qué hizo para
prevenirlas”. La empresa dueña
de la marca Orange ha declinado
hablar para el reportaje sobre un
“tema delicado”. Tan delicado
que se ha cobrado la cabeza de su
número dos, Louis-Pierre Wenès,
cuestionado por sus métodos para
modernizar el ex monopolio.
Es ese perfil de ex monopolio
convertido en transatlántico de la
tecnología y las comunicaciones,
que navega en un mar de competencia
feroz y de innovaciones tecnológicas
a velocidad de vértigo,
lo que de algún modo convierte a
FT en paradigma de los males de
la empresa global del siglo XXI.
“Este episodio es una metáfora
exagerada: nunca tanto como
ahora las empresas han necesitado
el compromiso de los trabajadores
y nunca como ahora han
dado tan poco a cambio, especialmente
porque el tiempo, que antes
jugaba a favor del empleado,
con más cualificación y experiencia
y mayor demostración de lealtad,
ahora parece jugarle en contra:
le hace más prescindible y
menos empleable si pierde el trabajo”,
opina Francisco Longo,
profesor de Recursos Humanos y
director del Instituto de Gestión
Pública de ESADE.
No se trata de acoso, ni de algún
jefecillo incapaz de liderar.
Se trata del engranaje de la propia
organización. El gigante de
las telecomunicaciones, que sólo
en Francia tiene 102.000 empleados,
vive en estado de transformación
permanente desde su privatización,
que arrancó en 1996.
Ivan du Roy, autor del libro
Orange stressé, explica en él que
la raíz del mal reside en la privatización
y salida a bolsa de la empresa,
que conllevó dejar de lado
cierta cultura de servicio público
hacia una carrera feroz hacia
la rentabilidad (aunque el Estado
mantiene un 26,65% del capital
y un 65% del personal son funcionarios),
con la idea de adaptarse
o adiós. Más de 13.000 personas
han pasado en los últimos
dos años a las áreas comerciales
e informática, lo que habría sufrido
en particular el colectivo de
técnicos. Y, hasta 2003, “más de
la mitad cambiaron radicalmente
de función”, según la confesión
del ex directivo del grupo
Michel Bon. La empresa ha prescindido
de 22.000 trabajadores y
el nivel de dimisiones ha ido subiendo (un 15,3% en 2008). 
¿Este entorno puede influir en que haya
suicidios? “El entorno influye,
un entorno de cambio influye, pero
en un suicidio el desorden mental
está en la base”, puntualiza
Carmen Tejedor, psiquiatra del
Hospital de Sant Pau experta en
suicidiología, que describe el acto
de quitarse la vida como resultado
de factores tales como la existencia
de enfermedad mental, el
hecho de pensar en el suicidio, padecer
alguna enfermedad médica,
lidiar con acontecimientos vitales
que pueden descompensar a
personas más vulnerables o el aislamiento.
“Algunos empleados se mataron
tras culpar a su trabajo del
estrés. No implica necesariamente
que la culpa sea de la empresa,
pero en la mente del suicida la
empresa jugaba, sin duda, un papel”,
reflexiona por su parte el psiquiatra
Luis Rojas Marcos. “El
ambiente en la empresa puede
ser un factor, sin duda”, añade.
Con la crisis aumenta la cantidad
de personas que sienten ansiedad
y estrés, es un hecho. Pero,
puntualiza Rojas Marcos, “no van
a la consulta a lamentarse porque
están sin trabajo, sino por problemas
relacionales, por no encontrarle
sentido a la vida o por incapacidad
de controlarla”. La desconexión
del entorno, de nuevo.
La cúpula de France Télécom
ha tardado en encajar en serio lo
que se ha convertido, más allá del
prioritario drama humano, en un
grave problema de reputación. El
presidente de France Télécom, Didier
Lombard, que aún aguanta
en el puesto, habló al principio de
“moda de los suicidios”. Recursos
Humanos dejó la cosa en “algunas
personas débiles” que no se
adaptaron al cambio.
Hasta que el Gobierno Sarkozy
metió baza. Ahora, Lombard
propugna “un nuevo convenio social”.
Los programas de movilidad
geográfica y de funciones siguen
por ahora suspendidos. Un
teléfono gratuito permite desahogarse
a los empleados agobiados.
Se ha designado a un “mediador”
para la movilidad.
“Nada justifica que un hombre
o una mujer ponga fin a sus días.
No lo puedo aceptar. Ni ahora ni
nunca”, se acaba de despedir
Wenès, cuestionado por los sindicatos.
Y por el Gobierno francés.
France Télécom sugiere que el
problema no es nuevo. En 2000
hubo 28 casos. En 2002, 29.
Francia es el país de la Vieja
Europa con mayor tasa de suicidios
por cada cien mil habitantes:
según la Organización Mundial
de la Salud (OMS): 26,2 en
los hombres y 9,2 en las mujeres;
lo que da un 17,7 de media.
Los 24 suicidios de France Télécom
han ocurrido en año y medio,
sobre poco más de 100.000
empleados en Francia. No hay
tanta desproporción sobre su
media nacional, muy superior a
la de Grecia, España o Reino Unido,
pero eclipsada por los datos
de Finlandia (31, en el caso de
los hombres) o, sobre todo, los
países del Este y las repúblicas
bálticas, con cifras muy elevadas
en el caso de los hombres en
Hungría (42) y Lituania (68).
Eso no significa que France
Télécom no tenga un problema.
Aunque cueste demostrarlo. “La
depresión no suele dar lugar a enfermedad
profesional ni a accidente
laboral. Es casi imposible
atribuirla sólo al trabajo”, apunta
Adrián González, subdirector de
Prevención de Riesgos Laborales
de la Inspección de Trabajo, para
quien “seguro que en España hay
casos de suicidios por el trabajo,
pero ni se conocen”.
Algunas consultoras han teorizado
que las empresas pueden,
de hecho, enfermar. Como las personas.
“La empresa española está
estresada”, concluye, por ejemplo,
la firma Tatum en el Estado
de salud de la empresa en España,
estudio realizado sobre la base de
encuestas, con una muestra de
2.475 profesionales. El estrés (ritmos
asfixiantes, empleados en
tensión por sobrevaloración de capacidades,
escasez de personal
cualificado, falta de información,
pérdidas de tiempo, elevadas bajas
por estrés...), la osteoporosis
(estructura de la empresa debilitada
por falta de recursos financieros
y humanos, endeudamiento
excesivo, plantilla sobredimensionada,
escaso liderazgo, concentración
excesiva de ingresos...) y
la miopía (incapacidad para reconocer
cambios en el mercado con
antelación) serían, según Tatum,
las tres enfermedades más extendidas.
“El cortoplacismo tiene mucho
que ver con todo eso. Es difícil
hablar de dirigir a personas, o
de conciliar vida personal y laboral,
cuando azota la crisis, vale.
Pero no creo que la crisis nos esté
llevando a un propósito de enmienda.
La empresa vive a golpe
de resultado trimestral, de lo que
haga la acción en Bolsa, de qué
dirán los analistas, del recorte de
gastos”, comenta Eugenio de Andrés,
socio director de Tatum. Recientemente,
el Observatorio de
la Empresa Familiarmente Responsable
(EFR) alertaba no sólo
sobre el absentismo laboral, sino
sobre el emocional. Se da si el trabajador
está en su puesto pero no
rinde, sea por agotamiento, decepción
o angustia. Suele haber un
desajuste entre la persona, su
puesto y la organización.
Concha Pascual, directora
del Instituto Nacional de Seguridad
e Higiene en el Trabajo, admite
que los problemas organizativos
y psicosociales no se toman
en serio “de forma generalizada”,
salvo en algunas grandes
empresas. “En las pymes es más
difícil aún. Pero vamos avanzando.
Hace 10 años, ni se hablaba
de esto”, señala.
Quienes hablan más de ello
son los sindicatos. “El cambiante
mundo laboral obliga a que las
organizaciones tengan que adaptarse
a nuevos mercados, imposiciones
y cambios tecnológicos
que les permitan mantener su
competitividad, lo que ha hecho
que los trabajadores deban enfrentarse
a nuevas demandas como
la adaptación a sistemas complejos
y tecnificados, presión temporal,
incertidumbre e inseguridad
sobre su futuro profesional
por la utilización de nuevas tecnologías”,
concluye un informe que
UGTacaba de difundir, del Observatorio
Permanente de Riesgos
Psicosociales. Atribuye en él que
la empresa no alcanza el rendimiento
esperado porque cuando
diseña un puesto de trabajo “no
considera los aspectos psicológicos,
las capacidades, las expectativas
y limitaciones de las personas”.
El objetivo sigue siendo cubrir
las necesidades económicas.
La traducción del problema
no está clara. Las bajas por estrés
o depresión se mezclan entre las
de bajas por enfermedad común.
Pero el informe de UGT recuerda
que, hoy, “los problemas relacionados
con una mala salud mental
son la cuarta causa más frecuente
de incapacidad laboral”.
“Cuando existe un equilibrio
entre lo que requiere el trabajo o
carga mental, la autonomía del
trabajador sobre su tarea, las dinámicas
del puesto y las habilidades
del empleado, todo va. Cuando
se desajusta algo, puede darse
una enfermedad, y, bajo una exposición
aguda y prolongada, incluso
derivar en cuadro pseudodemencial”,
enfatiza Manel Fernández,
presidente de la asociación
de profesionales de seguridad y
salud en el trabajo AEPSAL.
La última Encuesta Nacional
sobre las Condiciones del Trabajo
data de 2007, aún sin crisis, y desvela
que un 22,5% de trabajadores
españoles cree que el trabajo
está afectando a su salud; un 30%
en el caso del sector de transporte
y comunicaciones, el más alto
junto a la Administración. Lo aseguran,
sobre todo, los que tienen
entre 24 y 34 años. Aunque los de
la década siguiente no se quedan
cortos. Cuando se les pregunta
por los síntomas psicosomáticos
más frecuentes, responden: el sueño
se altera, siempre estoy cansado,
meduele la cabeza o estoy irritable.
¿Le suena?

ARIADNA TRILLAS


El País, sábado 10 de octubre de 2009